La Leyenda del Cocay

Una mañana, el señor salió a pasear a la selva y se entretuvo escuchando a los pájaros. Cuando empezó a caer un gran aguacero, corrió a refugiarse y no se percató de que se le había caído su piedra verde. Al llegar a casa, ya lo esperaban. Quiso curar a un niño enfermo y notó la ausencia de su piedra. Para hallarla más rápido, el señor mandó reunir a varios animales; llegaron el venado, la liebre, el zopilote y el Cocay o luciérnaga. Pidiéndoles que busquen en los caminos, las cuevas y los rincones de la selva, el señor les ofreció una recompensa.
Los animales corrieron en busca de la piedra verde. El venado la encontró primero, pero al verla tan bonita no quiso regresarla a su dueño y se la tragó.  Sufrió un dolor de panza muy fuerte y tuvo que escupirla, luego huyó asustado. El Cocay era el más aplicado, buscaba entre los huecos y en cada una de las plantas de la selva. El zopilote se cansó de sobrevolar y no ver el suelo para encontrarla. La liebre corría muy rápido y no se detenía a ver a su alrededor. Al final, sólo el Cocay siguió buscándola con mucho esmero.
De pronto, el Cocay tuvo un chispazo de luz sobre el paradero de la piedra y voló de inmediato hacia el lugar que vio en su mente. Al mismo, tiempo sintió que su cuerpo brillaba e iluminaba su camino. Halló la piedra y se la llevó a su dueño, éste le reconoció su nobleza, así como el esfuerzo, la entrega y perseverancia. “Tienes luz propia, pequeño Cocay, y a partir de ahora la tendrás siempre para guiar tu camino”, le dijo el señor. Por eso, hoy podemos ver al Cocay brillar en medio de la noche.

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